Renata Matkovic: Auténtica y honesta
Conversamos con Renata Matkovic sobre su poemario “Restos de un incendio previo”. La autora nos abre las puertas de su universo íntimo y nos cuenta cómo se relacionan ella y todas las versiones que la habitan con la poesía y el poder alquímico de esta. Auténtica y honesta, como se muestra en sus letras, reconoce haber lidiado con la autocensura y el propio juicio, adelantándonos una primicia sobre sus futuros proyectos. Además, nos cuenta qué espera que el lector se lleve después de atravesar sus versos.
Dedicaste tu poemario “a todas las cenizas y retazos” que has sido. ¿Sentís que publicar tus versos tiene un poder transformador, como lo tiene el fuego? ¿Hay nuevas versiones de vos después de soltar tus poemas a los ojos de otra persona?
RM: Sí, considero que la poesía tiene algo transformador. La poesía, sin embargo, en lo que a mí respecta, no tiene el poder transformador del fuego, sino que ella misma es el fuego. Debemos salvar las distancias entre parecerse al fuego y ser un pequeño incendio encerrado en un papel. A través de la poesía se puede incendiar todo lo negativo, y también uno puede quemarse a sí mismo. La poesía no siempre es sanadora; puede utilizarse para ello, por supuesto. Pero, en ocasiones, uno también puede arder en la poesía. Es lo bello de ella: poder arder sin morir. A su vez, con respecto a lo segundo, diría que sí, totalmente. Al escribir, uno puede escindirse, fragmentarse, dejar un pedazo de sí mismo o de lo que uno fue en el papel. Es una huella del presente o del pasado que va a perdurar. Se pierde algo y se gana algo. En lo personal, siempre me disocio de aquella del poema. La purgo. A veces pienso que no soy ella completamente; a veces la exagero, a veces la minimizo. Nunca refleja cómo soy completamente. Un solo poema no puede hacer eso. Ya lo decían Borges y Whitman: contengo multitudes. Digamos que una nueva versión y una vieja versión a la vez.
Si tuvieras que elegir un verso o un poema del libro que cuente quién sos en este momento, ¿cuál sería?
RM: El poema que más me define actualmente en este libro se titula Vitral. Mis versos favoritos de ese poema son:
No soy natural
pero tampoco una falsedad.
Hay realidad y honestidad
en esta artificialidad.
Hablar desde la herida es un acto de vulnerabilidad. ¿Apareció el miedo al momento de decidir compartirte de esta manera con los lectores? ¿Qué te impulsó a hacerlo?
RM: No suelo ser una persona que sienta miedo al momento de exponerse en la poesía. Creo que desnudarse y mostrarse como uno es a través de la escritura es la única manera de conectar realmente: que haya autenticidad en lo que uno escribe. Si uno comienza a tener miedo, a censurarse, es el arte de uno el que paga el precio. Dicho todo esto, me he censurado en ocasiones en el pasado, pero ya no lo hago. De hecho, estoy planeando un nuevo poemario que aborda esa temática: el silencio, las cosas que no dije y que no escribí. Pero eso es irme de tema. Retomando, diría que lo más importante es ser primero honesto con uno mismo, enfrentarse a ello y enseñarlo, con sus virtudes y defectos. Poder ser capaz de transformar eso en poemas, de complejizarlo y embellecerlo: eso es arte.
¿Volvés a leerte o evitás hacerlo? ¿Sentís que volver a leer tus textos es conversar con las versiones de vos misma que fuiste o serás, o incluso con la que sos en este momento?
RM: Evito volverme a leer. Una cosa es corregir y pulir: eso no tengo problema. Pero leerme en profundidad, más si son cosas con cierta antigüedad, lo evito completamente. No solo por lo que me muestra de mí, sino porque mi poesía crece conmigo. Escribo desde que era una niña; imagínense cuántos poemas he escrito. A veces es para no encontrarme conmigo misma. Otras veces es porque los considero malos. Sí diría que tengo un problema irracional cuando alguien lee mis poemas enfrente mío. No puedo escucharlos: me da una vergüenza incontrolable y me tapo los oídos. Creo que releer mis poemas es verse en un espejo más profundo que los que hay en los baños. Es un espejo que es difícil de evitar y que interpela mucho más.
¿A quién le escribís? ¿Qué buscás que sienta el lector al encontrarse con tus versos?
RM: Le escribo a cualquiera que quiera leerme: a cualquiera que quiera mirarme y entenderse a sí mismo a través de mis escritos. No digo que haga una escritura terapéutica; lo aclaro completamente. De hecho, mi escritura dista mucho de eso. Solamente quiero poder conectar con otras personas. Sin importar la edad, el género, la historia de vida o demás, poder conectar con ellas y que ellas puedan conectar conmigo. Me gustaría, si se pudiese, que me recordasen, aunque sea un verso, y que se lleven mis poemas consigo.
