Entrevista con Hotel K: Visceral y liberador
Conversamos con el autor Hotel K, sobre su poemario de Trébol y Cicuta. Nos adentramos en la intimidad de su escritura, su proceso creativo, la liberación, la identidad propia que encuentra en sus versos y cómo la poesía se convierte en un lugar que lo abraza y lo reconforta. Hotel K desnuda su voz y nos comparte su necesidad de mostrarse sin adornos, sin maquillajes, sin filtros. Así nace esta obra literaria, intensa, visceral y honesta.
“Vomité cada poema como si fuera el último”, escribiste al inicio de tu poemario. Esta frase se quedó rondando en mi cabeza. ¿Sientes que el proceso de escribir es tan violento y, a la vez, liberador como vomitar? ¿Identificas las sensaciones que te produce dejar salir los versos?
Hotel K: Bueno, puede ser. Ha sido un proceso largo y a veces tortuoso hasta llegar a Trébol y cicuta. Escribí cinco manuscritos antes, en un alarde de salirme de mi zona de confort, de corte más clásico, sin derrapar mucho por si me salía de los cánones dictados.
Pero tenía una sensación por dentro que me decía que algo fallaba. Aunque trabajé a conciencia para intentar dejar bellos manuscritos, no reconocía mi voz y se estaba cargando de demasiada ficción.
Así que manuscritos al fuego, no leer, no escuchar ni componer música en meses; solo escribir lo que quería expresar. Bienvenido, Hotel K: este soy yo, este es mi estilo. Así que comencé a vomitar y vomitar poemas como si no hubiera un mañana, y cuando salió el último verso me sentí realmente liberado.
No me dejé nada en el tintero, no me guardé nada, sin maquillar nada, a tumba abierta. Así nació esta obra.
Siempre identifico las sensaciones cuando dejo salir los versos; a veces casi las puedo palpar, otras están difuminadas o algo distorsionadas, pero las identifico.
¿Qué te gustaría que los lectores encuentren al leer “Trébol y cicuta”? ¿Un refugio, una amenaza, una provocación, una invitación?
Hotel K: Una invitación a conocer un poco mi mundo, mi manera de expresarme mediante la poesía, y que el lector tenga la licencia de interpretarlos como guste y hacerlos suyos.
El tiempo es un factor recurrente en tus letras. Si te pidiera definir el tiempo, ¿cómo lo harías?
Hotel K: ¡Ufff! Buena pregunta. Sí que en mis letras es un factor bastante recurrente y, en un alto porcentaje de hacedores de textos de todo tipo de arte, creo que también, cada uno con su propia perspectiva.
Bueno, te contesto la pregunta que me haces (¡vaya marrón!). Para mí, el tiempo es la vida, este juego al que nos han invitado, que sabemos cuándo comienza, pero no cuándo va a terminar. Quizá, al menos para mí, el verdadero tiempo es cómo quieres transcurrir desde un confirmado punto “A” hasta el sorpresivo punto “B”.
La inmediatez, lo efímero y el olvido parecen grandes enemigos de los tiempos que corren. ¿Qué te salva cotidianamente? ¿Encuentras escape o, más bien, refugio en la poesía?
Hotel K: ¡Exactamente!
Lo que me salva cotidianamente es poder continuar dedicándome a mi profesión todos los días, ayudar en mayor o menor medida a las personas con dolencias, sean cuales sean, estar ahí para ellos al cien por cien, sin bajar el ritmo. Veo la «cara b» de la vida prácticamente a diario, con sus claros y oscuros, con sus alegrías y su crueldad extrema.
Por resumir, soy una persona que se dedica a las personas por vocación; es la mejor etiqueta que existe más allá de esos papelitos que te dan para enmarcar cuando terminas algo académico (otra cosa más para quemar). Aunque involucrarme demasiado en mi profesión casi me cuesta la vida hasta dos veces, sigo erre que erre.
En la poesía lo encuentro todo. No sé si lo hago bien o mal, pero a mí me reconforta. Prácticamente desde que soy un niño escribo, casi siempre en verso: poemas, canciones, muchas de las cuales aún conservo y, cuando las leo, llego a sonrojarme (cosas de la edad).
La verdad es que siempre he intentado hacer lo que quería o buenamente podía, según cómo se presentaran las circunstancias. Odio aburrirme y perder el tiempo que nos ofrece la vida. No me gusta dormir; dicen que no es bueno, pero llevo media vida durmiendo unas tres horas (suficiente para volver a estar activo).
El formato dual de mi vida (responsabilidad laboral e irresponsabilidad en los múltiples viajes a mis mundos) equilibra la balanza de mi existencia.
¿Cómo fusionas la música y la poesía? Siendo la música parte de tu proceso creativo, ¿crees que la música alimenta tu poesía? ¿Y viceversa?
Hotel K: Hoy en día sí. Además, he encontrado un formato músico-poético que me agrada desde hace muy poco. Siempre he separado lo que es una canción, que tiene sus propias reglas, y la poesía, las suyas…
Los textos sí que han podido alimentarse unos de otros. Siempre los he invitado a duelos: canción vs. poema; un ganador, un perdedor y, en algunos casos, un híbrido indefinido se ha llevado el gato al agua.
Pero esta fórmula que presenté en el show de enero me ha gustado.
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