ENCUENTRO DE VERSOS Y FRONTERAS

1era edición: Junio 2024

ISBN: 978-631-90807-2-8

Páginas: 98 páginas | Tamaño: 5×8 in (12,7 x 20,20 cm)

TRÉBOL Y CICUTA de Hotel K

UNA OLA, DOS, TRES… (p.32)

Huele a dejadez,
a mentiras tras la lámpara,
a zulo recién abierto,
a motín no resuelto.

He consumido castigos en conserva
durante largo tiempo,
balanceándome por relatos enfermos,
rematando medias lunas
sea cual fuere el motivo del hundimiento.

Los jinetes instigadores
quedaron calcinados
tras recibir la llamarada
emanada directamente desde la herida
que quisieron cicatrizar
con aceleradores de engaño.

Sigo aquí, anclado
en mi puerto imaginario,
contando olas en silencio.

LA SOMBRA DE «AISHA» (p.36)

Dejé de zurcir abstracciones
cuando Aisha montó un columpio
entre dos estrellas.

Sístoles mandó a callar a diástoles,
mientras buscaba un aspersor
que lo condujera sin transbordo
hasta tan exclusiva belleza.

Los pies planos de la tarde
tomaron una curvatura ultravioleta,
descarrilando en los márgenes
de una libreta de dos rayas
tras perseguir el rastro de perfume
de la madrugada con ojos bicolor.

Grumos atemperados,
dulces y saladas fracciones de amor;
he pedido un café fiado en el bar
con la única intención de encontrar
un desfibrilador portátil para almas
que quieren dar la espalda al vivir.

Aisha cada vez se balancea más alto
ríe, ríe, ríe…
su sombra empuja y susurra
canciones populares amplificadas
con la voz nitrógeno
de su prófugo sudario.
¡Explotó su corazón!
La brisa cicatrizante llegó tarde,
solo pudo atestiguar que una amalgama
de párrafos exfoliantes se llevó
sus pigmentos de consonantes dormidas.
Trance,
cara enjabonada y té con hierbabuena
magnifican las aristas
de mi tristeza endógena,
busco lubricantes, símbolos, conservas,
una aerolínea de polvo y legañas
para huir de esta fatiga
que con prospectos cotidianos
atacan mi razón.

Aisha montó un columpio
entre dos estrellas,
quizá no le gustó cómo su sombra
la empujaba
y se largó para siempre
dejándonos a sus partículas cercanas
mascando duda existencial.

XIV (p. 89)

Enamorarse en mitad
de una batalla campal está bien,
como consorte de una botella rota,
he instalado un faro
en la tranquilidad del maremoto

1era edición: septiembre 2024

ISBN: 978-631-00-5432-2

Páginas: 92 páginas | Tamaño: 5×8 in (12,7 x 20,20 cm)

TODOS LOS OCASOS de Agata López Kornacka

HUECOS (p. 19)

De este resumen de días sin ella,
recortado de un periódico que recoge
las corrientes poéticas más frecuentadas

por la noche,

lo que más me sorprende
es lo mucho que se parecen
los huecos que no llenamos
a los ríos que desbordan.

Y que lo que llamamos huella,
es una palabra con deseo
de huir.

FUERTES (p.40)

Admiro a los que cultivan
hasta el musgo
que sale por las grietas
entre párrafo y párrafo.

Se esfuerzan como nadie,
mientras lloran como todos.
Sus palabras crecen fuertes,
sus silencios no se doblan.

Las hojas que no sueltan
son eternamente verdes.
Las semillas que no siembran
acaban cayendo solas al final.

Pero no conocen la belleza
de un corazón
arrancado del suelo
ni la de un adiós,
tan seco
que se parte.

TAXIDERMIA (p. 55)

Se define como el oficio
de disecar poemas

de color recuerdo,

que se vacían
y se rellenan,

para conservarlos inertes
con apariencia de vivos,
es decir,

como si estuvieses
viva aún.

Edición bilinguüe (Italiano-Español)

1era edición: diciembre 2024

ISBN: 978-631-90807-0-4

Páginas: 130 páginas | Tamaño: 5×8 in (12,7 x 20,20 cm)

 

CARNE de Valentina De Marco

UN TIEMPO (p. 27)

Un tiempo lento
germina en el útero.
En la superficie, una luz densa dilata las ganas.
Caen los gemidos en el amor
que arrastra sobre la lengua,
las pupilas florecen aromáticas,
los dedos se entrelazan hasta la raíz de la vida

CARICIA (p. 71)

Un peligro sin aliento,
corre y tiembla
bajo tu piel cerrada.
Aquella caricia te obliga a ver
la voz desnuda de una mujer
que no da a luz a nada
fuera de sí misma.
Y desnudo eres frágil, cortado,
recién nacido, tal vez enamorado
de aquella mujer que en el fondo te teme

SÍNDROME DE ESTOCOLMO (p. 83)

Paro la imagen, desorden de carne
Juego con la suerte
Soy la carta de en medio entre actos:
Víctimas y verdugo
Lo digo sin vergüenza
Mi nombre es Estocolmo

1era edición: abril 2024

ISBN: 978-631-00-3337-2

Páginas: 78 páginas | Tamaño: 5×8 in (12,7 x 20,20 cm)

 

HOSPITAL DE MIS AMORES de Carlomagno García

IX. ALMA ACIAGA (p. 20)

Con los ojos de murciélago pardo
con luz de goce porque entre mis dientes
estremece un ser sus huesos ardientes
chillo, le muerdo, olvido que soy un bardo

Y entre mi capa a su muerte retardo
aquí suplica a sus dioses ausentes
a su bello mundo de extrañas gentes
¿Seré para él un último bastardo?

Y al dentellar le sentí como mío
al oírle, cómo su alma se apaga
en oculto lloro, afligió mi brío

Sombra final que es gasa en una llaga
Mi volador manto, aguza mi oído
Sabor mío que acuna un alma aciaga

III. INVISIBLE (p. 42)

Había un perro
de intenso negro y brillo,
¡hermoso!,
que daba brincos y ladraba
en un juego invisible
que parecía un niño.
Cuando de pronto
no sé qué señal en la otra acera le llamó urgente
y el perro cruzó la pista
de carros crispados de apuro
y, ¡zas!, fue atropellado.
Tras la ventana del bus, le escuché:
blanco su grito
sin ojos, paralizado
un segundo antes que una llanta le escinda la vida
¡Clemencia!, pidió sus oídos al cielo
con todo su pelambre negro
que se quedó blanquísimo, sin brillo.
Pasó el bus, invisible.

XXIV. FIEBRE (p.65)

La tarde de la sierra con sus grises
que allá al rojo ve irse entre pinares
divisa en el verde ecos de pesares
de un niño y su asno con gestos grises.

¡Ay!, fiebre. En el niño y sus ojos grises.
Con su amigo de alegría y azares
trotando raudo de qué lejos lares
la fiebre viene con sus viles grises.

Al niño tienden sobre fina manta,
Y el burro grita. Al cielo ve. Y golpea
al día que se va, ¡ay!, el asno implora.

Y rezan cerca al gris de la garganta
padres y hermanos de toda la aldea.
Inquieto el asno a su amigo le llora.

2da edición: abril 2024

ISBN: 978-631-00-3354-9 

Páginas: 80 páginas | Tamaño: 5×8 in (12,7 x 20,20 cm)

 
 

LA QUE ME HABITA de Gio Burgos Arenas

YO SOY LA LUZ (p. 27)

Yo soy la luz.
¡No te atrevas a sospechar herejías!

Mis metáforas sublevadas
son solo una tentativa de liberación y asombro
—casi triste, casi diluida—
en la menguante generosidad de las velas.

Aun así, sé que soy la luz.
Insignificante y sin relieve,
involuntaria y extraviada,
por instantes ajena a los tránsitos del sol.

Ángel rebelde que custodia celoso
una flor en mi memoria,
el enfermizo temblor de un verbo urgente,
el grito de un adjetivo feroz.

El sanctasanctórum de una sola palabra.
¿Cómo se dice: «Dios»
en una madrugada color de orfandad?

INDEMNE (p. 52)

Cuando mi quebrada humanidad
ha sobrepasado sus límites
le doy forma al alma;
y germina la raíz
–pequeñísima–
de la gratitud.

La prudencia de esperar
a nacer otra vez
–indemne–
de mis heridas.

Me tiemplo las vértebras y sigo adelante...
con respeto del ayer
que hoy ya no soy.

DÍAS CONFISCADOS (p. 62)

Hay días que el desaliento te confisca.

Es que amanecen sin su azul mañanero
como ángeles heridos con un clavo de hielo.

¡Ay!, esos días...

Para salir a buscar un rumor de luceros,
esa chispa pectoral vibrante y sin linderos
que no sabe doblegarse en el faro de mi puerto.

¡Esos son los días en que no muero!

Publicación: julio 2024

ISBN: 978-631-00-4408-8

Páginas: 178 páginas | Tamaño: 6×9 in (15,2 x 22,8 cm)

90 poemas de 15 autores y autoras

Antología Poetas Contemporáneos 2024 - Selección de poemas Ricardo Rosales de Paula Muñoz (México)

MI CIUDAD (p. 15)

Jardín y jaula conjuntamente,
jungla y juego es mi ciudad.
Ululan sus cables, ronronean
sus múltiples motores errabundos,
siembran sus semáforos
semillas de sarcasmo.

No podemos ejercer aquí
el derecho a la inmovilidad;
poco privilegio de quietud
-enfrascados en la multitud-
nos concede incierta la ciudad.

¡Cuánto conato de conexión
contundentemente
descontextualizado!
¡Cuánto nos causa confusión!
¡Cuánto desconcierto
de cloaca, de estancado charco!

En cada calle duermen aguardando
los crímenes que súbitos despiertan,
en cada recoveco subterráneo
los ríos que reían se resecan.

Tiene bemoles cada recoveco,
inconvenientes cada vericueto,
porta placeres cada pesadilla,
ratas hambrientas toda alcantarilla.

Descompuesto
desenfreno,
abigarramiento.
Armatoste,
salvaguardia
de amplias
discordancias.

EUREKA (p. 20)

Lo lógico, lo usual y lo evidente
decretan leyes a razón reseca,
cloquean homilía chueca y hueca
que al seso considera suficiente.

Las espontaneidades de repente
retumban la baldía biblioteca
llenando cada libro con eureka,
deleite al descubrir lo diferente.

Deseo divulgar la maravilla,
deseo difundir fascinación.
Propago como espora, cual semilla,

amoldo con palabras munición:
disparo, se dispersa, vuela, brilla
y en mente ajena cumple su misión.

RÍO ―PAISAJE PARA LORCA― (p. 21)

Peces de plata,
rayos de oro.

El sol de la tarde en los ojos.

Rayos de oro,
peces de plata.

Suspiro atrapado en la garganta.

Plata de oro,
peces de rayos.

Cortar el paisaje de un tajo.

Oro de plata,
rayos de peces.

Se confunde todo a veces.

Publicación: agosto, 2024

ISBN: 979-829-83-3868-4

Páginas: 140 páginas | Tamaño: 6×9 in (15,2 x 22,8 cm)

Volumen 1 | 12 poetas | 72 poemas

Antología Poetas Contemporáneos 2025 Vol 1

Renata Matkovic (Argentina)

CANTOS DE MORFEO (p. 37)

Los gatos,
Guardianes negros de mis cantos de Morfeo,
Silenciosos serafines de pupilas rasgadas.

Pequeñas pisadas que en la tierra dejan marca.
Son gigantes en su corazón,
Pero caben en el más diminuto rincón.

Pían los pájaros con su llegada
Y extienden sus plumas al sol invernal,
A la luna estival, huyendo.
Me acompañará su atigrado pelaje
A la noche eterna cuando muera.
Vivirá en mi memoria efímera,
Digna de una mujer olvidadiza y enfermiza,
Una lamida áspera y amorosa.

Será tu presencia, felino de mis días más felices,
Aquella que alivie mí sentencia y
Cargue con mi inocencia perdida.

Y cuando llegue el día
Que los muertos toquen a mi puerta,
No los dejarás entrar.

LA TRISTEZA SUMERGIDA (p. 38)

Una mañana de abril,
como perros en la noche,
ángeles silenciosos
roban mis lágrimas.

Una a una
abandonan mi débil y enfermizo cuerpo,
arrancando de mi vida
toda posibilidad de llorar.

Oigo la voz de lo eterno
desde lo profundo de mi alma,
pero no la puedo alcanzar.

Al igual que un profundo mar,
yo, expectante en la orilla,
lo único que puedo hacer es contemplar
el reflejo de mi tristeza sumergida.

La inacabable soledad
me ha de acechar
aun refugiándome en los acordes de un violín.

Pero esos muros que con su ayuda he construido,
me encierran en esa miseria
a la que tanto temía.

Y no puedo más que sofocarme
con el aire a mi alrededor
que, como un veneno,
marchita todo lo bello.

Mi corazón
me alerta con temor,
implorándome que llore,
que grite desde lo profundo de mí, de aquella inmensidad azul.
Pero nada sucederá.

Con algo de suerte,
aquellos alados vagabundos
que se esconden en mi mundo
me llevarán marea adentro,
sustituyendo mis cabellos por algas esmeraldas
y mi sangre por agua con sal.

PERRO HERIDO (p. 40)

Escucho los aullidos de Dios
Durante la noche.
Son longevos y heridos.
Son viejos y eternos.

Es durante esa noche
Que los perros sobre el rocío
Ladran lamentando su muerte.

Muerden las cadenas que los atan,
Pero al no poder liberarse,
Con tal de huir,
Comienzan a mutilarse.

Es durante esa oscuridad de verano,
Que me recuerda a un pasado imaginado,
Que siento el peso de la noche
Sobre mis hombros.

Esa noche, es mi propia noche.
¡Aléjense, bandidos de la negrura finita,
No se adueñarán de mi ocaso
Ni de mis madrugadas!

Los potros salvajes relinchan
Y los ladrones huyen,
Habiéndome robado mis madrugadas
Y mi ocaso.

Ahora ya no queda de mí
Ni la noche,
Solo un perro mutilado al cual enterraré
Y rezaré.

Karla Armas (Ecuador)

ATLAS (p. 17)

Las ciudades que cruzamos solo con nuestros nombres.
Casas con cuchillos en los ojos,
calles como lenguas que olvidaron hablar.
Mi madre dijo: «camina como si nunca hubieras nacido»,
yo arrastré mis raíces como un animal enfermo.

En la frontera, los perros ladran en idiomas rotos,
una niña dejó su sombra pegada al barro.
Había un mapa dibujado en su espalda:
era un país desangrado por una palabra.

Mi padre ofrecía su voz a cambio de pan,
le dieron un número, una puerta que nunca abría.
Dormíamos bajo un cielo que parpadeaba como una televisión vieja.
Allí, fui otra vez feto,
otra vez carne, sin historia, sin tierra, sin lengua.

Los espejos no reconocen mi cara, pero
mi cicatriz responde al nombre del abismo.
Soy hueso enterrado en los patios ajenos,
memoria que no cruza la aduana.
Aquí nadie recuerda mi nombre,
yo tampoco.

CARTOGRAFÍA DEL CUERPO EXILIADO (p.19)

Mi cuerpo no cabe en ningún país.
En mi ombligo, guardo la voz de mi abuela,
sus oraciones en susurros que no entiendo.
He perdido la lengua,
y me muerde desde dentro.

Soy frontera entre dos olvidos.
Mi carne lleva etiquetas de aeropuerto,
mis ojos no pasan por ningún detector.

Cuando toco mi rostro, siento la grieta:
el lugar donde me dividieron para sobrevivir.
El espejo es un soldado que me interroga cada mañana.
Le respondo con llanto:
«Esta piel no es arma,
es un recuerdo».

En mi espalda cicatrices como mapas,
cruces donde dormí.
Me quito la historia de la piel.
Nadie me ve cuando digo mi nombre.

En sueños, el mar me reconoce.
Me canta.

PAÍS BAJO LA LENGUA (p. 20)

Llevo un país escondido bajo la lengua.
Cuando hablo, escapa un río con nombres muertos.
Mi madre me enseñó a masticar la nostalgia,
a tragarla con té de hierbas tristes.

Los otros niños dibujaban casas.
Yo dibujaba agujeros.
No por arte,
por costumbre.

Nos mudamos al mismo dolor con distinto código postal.
Balcón como herida de la cueva,
cada ventana, una soga.

Nos dijeron: «Sean agradecidos»,
y aprendimos a decir «gracias»,
mientras escondíamos el hambre en los zapatos.

Mi hermana aún duerme con los puños cerrados,
como si abrazara algo que no quiere irse.
Quizás su infancia.
La bala que no llegó.

Cuando sueño,
mi lengua canta
una canción sin patria.

Al Mello (Paraguay)

CUANDO LA NOCHE SE ACERCA (p. 47)

¿Qué dolores llevas, río milenario,
en tu sangre de escamas y arenas?
¿Qué desconsuelos socavan tus arterias?

Desde el barranco en penumbras,
un animal solitario te contempla.
El atardecer enciende
la crepuscular hoguera
frente a su rostro,
y su mirada serpentea impaciente,
con sus ojos ardientes,
sobre la desnudez de tu cuerpo acuoso.

¿Qué tristezas llevas, río milenario,
en tu murmullo de pájaros y selvas?
¿Qué sueños ahogas entre sollozos y penas?

¿Qué temores olean en tu ribera,
con los resplandores de navajas inquietas?
¿Qué anzuelos sostienen tu lengua?

Desde el barranco en penumbras,
desde el borde filoso de la muerte,
un animal solitario te contempla.
En breve, las primeras luces del cielo
florecerán en tu piel;
y en la quietud de las canoas adormecidas,
entre camalotes y espumas blanquecinas,
el animal saltará sobre la luna, como un pez.

Una voz ancestral le grita su nombre,
desde los árboles oscuros de la otra orilla.

ENTRE ORILLAS INCIERTAS (p.49)

Estás en la orilla del río.
Aquí, en esta hora, en esta época,
aquí es siempre lo mismo.
En este clima de penumbras,
de estridencia, de insectos,
de olores a musgo y tierra húmeda,
los barcos atracados en el puerto
se mecen como monstruos sombríos,
deformes, chapoteando en la negrura
con sus enormes ojos amarillos.

Suena el canto de la noche,
el canto que despierta
con su inescrutable latido
desde la hondura del follaje,
desde el silencio
de los pájaros dormidos.

Bajo el cielo empedrado,
donde la luna ahoga su brillo,
el árbol de la ausencia florece
y el viento sofoca los gritos
de los deseos extinguidos,
de los animales ausentes.

Estás en la orilla del río,
en el borde del barranco
de la grada donde embisten
las aguas rizadas del abismo.
¿Por qué sigues releyendo en tu mente
ese texto ilegible?
¿Por qué sigues balbuciendo, sin parar,
un monólogo incomprensible?
¿Qué estás viendo en la oscuridad?

CICATRIZ (p. 51)

La pasión desterrada teje redes
oxidadas sobre el estanque en calma
del ayer, mientras los peces del fuego
secreto, hijos de un frío juramento,
embisten las tenebrosas paredes
de la noche sin sosiego y el alma
se resigna como un pájaro ciego,
con el rostro inclinado hacia el tormento.

Sobre la aridez gira, en vano, el viento:
torbellino de hojas muertas, rueda
de polvo, de tierra seca, de aliento
furioso donde la vida se enreda.
El consuelo se esparce como ungüento;
el recuerdo, es la cicatriz que queda.

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