En esta entrevista conversamos con la Bruja Poética desde Costa Rica, una voz que entiende la escritura como un territorio de cruce entre emoción, cuerpo y experiencia. Sus textos, atravesados por la vulnerabilidad y la maduración afectiva, forman parte de una antología que reúne miradas diversas de la poesía actual. Desde la intimidad de los procesos creativos hasta la proyección de su próximo libro, la autora comparte el origen de sus poemas, su manera de habitar la palabra y los caminos que se abren en su búsqueda estética.
Formar parte de esta antología implica compartir un territorio común entre distintas voces de la poesía actual. ¿Qué representa para ti ser parte de esta obra colectiva?
Para mí, formar parte de esta antología es como entrar a una casa donde conviven voces muy distintas, pero todas movidas por la misma necesidad de decir algo verdadero. Siento que es un espacio donde las culturas, los acentos y las historias se cruzan sin competir, como si cada poema abriera una ventana diferente.
Lo que representa es justamente eso: una unión hecha de diferencias, y, aun así, profundamente coherente, porque al final la poesía nos hermana aunque no nos conozcamos.
Creo que lo que aporto a ese intercambio no es algo extraordinario, sino algo muy mío: esa mezcla de instinto, vulnerabilidad y deseo de hablar desde el cuerpo y desde la emoción. La poesía ya tiene su propio misterio, y una simplemente se suma con honestidad, confiando en que lo que lleva dentro también tiene un lugar en este coro.
Cuéntanos sobre los seis poemas que son parte de esta antología.
Estos seis poemas nacieron de un mismo territorio emocional: un amor platónico. No un amor idealizado en el sentido romántico clásico, sino una emoción que empezó como una chispa intensa y que con el tiempo fue encontrando una forma más serena, más cotidiana.
El hilo conductor es justamente ese tránsito: cómo un sentimiento que al inicio desborda poco a poco se asienta y se vuelve más silencioso, más profundo. Son poemas donde la pasión convive con la renuncia, donde el deseo aprende a convivir con los límites y donde el cariño se vuelve una presencia que no exige nada, que no espera nada… y, aun así, permanece.
Mi motivación para escribirlos —y luego para elegir justo estos— fue mostrar ese proceso de maduración afectiva: cómo uno puede sostener un sentimiento que no tiene nombre público ni destino claro, pero que, aun así, deja huellas, aprendizajes y belleza.
¿Cómo es tu proceso creativo cuando escribes poesía —y en particular esos poemas que son parte de la antología?
Mi proceso creativo no tiene una sola forma. Hay días en que la musa es generosa y el poema cae como un aguacero de mayo: repentino, inevitable, y una apenas alcanza a escribir antes de que se desborde. Y hay otros días en que quiero decir mil cosas y no logro articular ninguna; en esos momentos la poesía se presenta más esquiva, como si hablara en voz muy baja y me tocara escuchar con paciencia.
Con estos poemas pasó lo primero. Llegaron de golpe, con esa claridad que una no provoca ni controla. Por eso quise incluirlos en la antología: porque representan ese tipo de escritura que nace sin esfuerzo, como si ya estuviera escrita y solo buscara una mano que la dejara caer en la página.
¿Qué esperas que ocurra o qué deseas que provoquen tus poemas en quienes los leen —tanto en este formato de antología como en el público más amplio—?
Lo que más deseo es que quien lea estos poemas pueda reconocerse un poco en ellos. Que quienes han vivido un amor parecido —de esos que existen en silencio, que acompañan sin pedir nada, que crecen sin hacerse públicos— encuentren un reflejo, una compañía, un “yo también lo sentí”.
No busco solo que se identifiquen, sino también que se sientan inspirados: que mis versos funcionen como un espejo que les devuelva algo propio, algo que quizá no habían podido nombrar. Si mis poemas logran acompañar a alguien en su emoción o darle un sentido nuevo a una experiencia que parecía solitaria, entonces ya hicieron su trabajo.
¿Qué proyecto poético o artístico tienes por delante que te entusiasme y puedas compartir con nosotros?
En este momento estoy empezando a trabajar en la idea de mi segundo poemario. Mi primer libro, Tríptico de mí, abrió un camino muy personal, y ahora quiero explorar otro territorio que me entusiasma muchísimo: la poesía erótica.
La visión que tengo es crear un poemario dedicado completamente al erotismo, pero desde un lugar maduro, sutil y elegante. No quiero hacerlo con prisa; deseo que sea un proceso pausado y cuidado, donde cada poema tenga la profundidad y la finura que ese universo merece.
Aún no tengo una fecha de publicación, porque quiero darle tiempo para que madure bien, pero ya estoy empezando a darle forma y a dejar que esa energía creativa vaya marcando el camino.
Con una poética que encuentra en la emoción un espacio de conocimiento y en la escritura una forma de transformación, la autora deja ver que su recorrido apenas comienza. La exploración de nuevos territorios —como el erotismo abordado desde la madurez y la delicadeza— confirma una voz en constante crecimiento, fiel a la honestidad que atraviesa sus versos y a la búsqueda de una belleza que nace de lo íntimo.
La Bruja Poética (Costa Rica)
Nació el 31 de octubre de 1984. Sus escritos han sido difundidos en Argentina, Chile, Colombia, España, Guatemala, Italia, México, Perú y Venezuela. Ha sido publicada en siete antologías. En 2024 obtuvo el segundo lugar en el Festival Internacional de Poesía La Estación del Arte de Madrid. En 2023 publicó su primer poemario, titulado Tríptico de mí.